Y sin embargo tan necesario. El reciclaje de ropa significa que cada año se desechan en España un millón de residuos textiles domésticos. Tan solo un 10% se gestiona para su reciclaje y posterior reutilización, lo cual se convierte en un problema mayúsculo.
Cuando hablamos de reciclaje solemos tener en mente los productos de desecho que se tiran a los contenedores que están a disposición en pueblos y ciudades en plena calle. Su distribución de colores y formas ya nos resulta familiar: el gris para los productos de rechazo, el marrón para lo orgánico, el azul para el papel y el cartón, el amarillo para los envases y el plástico.
Estos contenedores suelen ubicarse en islas, bien a mano del vecindario, porque en cuanto los consumidores salen del supermercado, una parte importantísima de los bultos de los productos que han comprado, irán a parar a los contenedores, separados por materiales, y de ahí a las plantas de reciclaje donde, con suerte, se les dará una siguiente vida. Eso suponiendo que las cosas se hacen ni que sea medianamente bien.
En una sociedad en la que todo es marketing, necesidad de vender y, por lo tanto, de llamar la atención de los posibles y potenciales clientes, un color agradable, vistoso y que funcione como un reclamo, es algo muy apreciado. El packaging a veces lo es todo para vender a lo grande, y lo que define el producto tanto como la marca o el mismo logo. Ahora bien, lo extraordinario y a lo que tal vez sería interesante darle unas vueltas, es porqué el continente es tanto o más importante que el contenido.
Pongamos un ejemplo práctico, personificado en un envase de cereales para el desayuno. Veremos que se trata de una auténtica matrioska. Los cereales están metidos en una bolsa metalizada, la mitad de cuya capacidad es aire, quedando los cereales apelotonados en la parte inferior de la bolsa. Esta, a su vez, va dentro de una caja de cartón estampada con cuatricromía y todas las tintas posibles. Una vez consumidos los cereales, el resto que queda, todo es basura que es necesario reciclar.
El volumen de residuos que se generan con un solo envase de cereales, es mucho más que los cereales en sí. Esto genera un problema a todos los niveles, especialmente ambientales y en cuanto a recursos, y todavía más si el producto en sí no es de km 0 y, además, tiene que hacer un viaje para llegar a las estanterías del supermercado.
Por suerte, y esta es la parte buena del asunto, el reciclaje de papel, cartón y plástico, está ya más que consolidado entre los consumidores más concienciados.
Ahora bien, existen una serie de materiales que también utilizamos a diario en grandes cantidades, que tienen un reciclaje distinto y mucho más complicado: el reciclaje del material textil. Es decir, la destrucción o la reutilización de la ropa que desechamos a razón de miles de toneladas cada año.
Unas cifras escalofriantes en cuanto al reciclaje de ropa
Atención a las cifras porqué son impresionantes.
Cada año se generan 92 millones de toneladas de residuos textiles, de los cuales, entre el 80 y el 85% acaban en vertederos o bien incinerados. En España se desechan entre 10 y 14 kg de ropa y complementos por persona y año. Anualmente se tiran 800.000 millones de kg de ropa de los cuales solo se recogen 1,5-2,5 kg en contenedores de ropa, según los datos que ha publicado la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil. El resto no se recupera y va a parar a los vertederos, con lo que esto implica al respeto del impacto ambiental que causa.
La industria textil es de las más contaminantes y necesita una gran cantidad de recursos para su producción: por cada kg. de textil producido se necesitan 0,6 Kg de petróleo y se emiten 2 kg de CO2. El asunto empeora notablemente si se tiene en cuenta que la ropa que se rechaza no está elaborada a partir de fibras nobles sino sintéticas y a menudo, de la peor calidad.
Solamente entre el 8 y el 10% de la ropa que se desecha se deposita en contenedores destinados a su recogida y posterior reutilización. El resto se descarta sin opción al reciclaje.
Con la ropa que se recicla y se reutiliza se pueden realizar varias acciones:
- La reventa. La que la ropa se separa por tipo de prenda, talla, color y calidad. Una vez realizada esa selección, las prendas se empaquetan a peso y se venden como ropa reutilizable. Esto puede aplicarse incluso al calzado.
- Convertir la tela en harapos destinados a reconvertirse en trapos destinados a la limpieza industrial y otros objetos.
- La tercera opción es convertir la ropa en otra ropa, reaprovechando los tejidos y fibras, aunque sean sintéticas.
El proceso del reciclaje de ropa
La base de la ropa generalmente es algodón y plástico sintético. El porcentaje de uno u otro material suele afectar la resistencia y duración del tejido y también, cuando se desecha la prenda, también cambiará el método de reciclaje que habrá que aplicarle.
Una vez determinado el porcentaje de los componentes del tejido, la ropa se clasifica por el color predominante: los azules, los rojos, los verdes… y se desmenuza en fibras de poca calidad que se mezclan con otras materias, siempre de acuerdo con la intención final del uso de la tela resultante y de su destino.
Una vez limpia, la mezcla se carda y con las fibras remezcladas, el resultante queda listo para hilarse de nuevo. El uso que se le da al tejido comprimido es de carácter menor, por ejemplo, el relleno de los colchones, material aislante para vehículos o paredes relleno de muebles, entre otros.
Si las piezas tienen un porcentaje elevado de poliéster o son de poliéster al 100%, el proceso de reciclaje varía notablemente, puesto que una vez limpias se granulan para formar palés que posteriormente se funden y se recuperan hilándolas, lo que las convierte en una nueva fibra que se usa para hacer telas de poliéster.
El algodón, en cambio, tratándose de un material más noble, se lava, se mezcla con otras fibras y se convierte en nuevos hilos destinados a ser la materia prima de tejidos que tienen una vida más corta que la hebra original. Por eso el algodón que se recicla se mezcla con un 30% de nuevas fibras de algodón virgen, lo que mejora la calidad de los hilos. Algunos usos para este algodón reciclado es la creación de trapos y papel de calidad. También se usa en los billetes (papel-moneda) y en documentos importantes, puesto que no se rompe ni desgasta con facilidad.
Otros tejidos que también se reciclan de forma similar son la lana, el lino, la viscosa o el tergal, por ejemplo.
El reciclaje de ropa como negocio
El reciclaje de los tejidos textiles es un negocio muy rentable. Algunas empresas dedican a ello su actividad empresarial con sorprendentes resultados en todos los sentidos.
Sólo por mencionar algún caso, que además es un ejemplo de éxito, es el que inició hace unos 30 años el ingeniero indio Gajanan Bhat, CEO de ChromeOS. Su empresa recicla tejidos textiles para convertirlos en materiales de aislamiento acústico.
Este material aislante sirve para mitigar la contaminación acústica, un problema cada vez más frecuente, agravado por la industrialización, la urbanización, el aumento del uso de aparatos eléctricos y mecánicos en hogares e industrias. Y también, naturalmente, por el aumento del uso de vehículos.
Los efectos de la contaminación acústica son muy negativos sobre la salud porque pueden producir estrés, hipertensión, enfermedades coronarias y accidentes vasculares. La conversión de tejido de desecho en materiales de aislamiento acústico sirve para dar una vida más que útil a lo que serían toneladas y toneladas de basura.
Un cambio de mentalidad imprescindible: la reutilización, apps de segunda mano y nueva legislación
Ya se está reciclando tejido, pero de acuerdo con las cifras que hemos visto, de una forma totalmente insuficiente para evitar crear un impacto brutal en el medio ambiente. El problema que genera es doble:
- El desecho de fibras textiles que no se reutilizan y se acumulan en vertederos.
- El CO2 que la ropa desechada desprende cuando se pudre, que equivale a 1,2 billones de toneladas de CO2, más que el transporte aéreo o marítimo.
En el peor de los casos, algunos de sus componentes se filtran en el subsuelo y en las aguas subterráneas, convirtiéndose en una fuente de contaminación de primer orden.
Entonces, lo primero que sería necesario para triunfar en el reciclaje de tejidos es:
- Cambiar la base de la economía para convertirla de lineal a circular transformando un recurso en producto
- Obtener un residuo que se convirtiera en un recurso reciclado.
Economía circular en el reciclaje de ropa
La intención del reciclaje de ropa es generar menos residuos y que los que se produzcan acaben transformados en nuevos productos para nuevos usos basados en recursos reciclados.
La industria textil va a seguir generando sus productos, sin ningún tipo de duda, pero en muchas ocasiones, comprar productos y prendas de segunda mano es una buena idea. Existen aplicaciones móviles como Ebay, Wallapop y especialmente Vinted, por ejemplo, que funcionan como plataforma donde comprar y vender productos de segunda mano, prendas de vestir incluidas.
En cuanto al sistema para recoger y reciclar la ropa, que ahora se realiza mediante contenedores, tendrá que cambiar en breve. La Unión Europea ha establecido en la Directiva 2018/851 que todos los países miembros deberán disponer de un sistema de recogida selectiva de textiles antes del 1 de enero de 2025. Por el momento, en España contamos con una Estrategia Española de Economía Circular que define al sector textil como estratégico en las políticas medioambientales y con una Ley de Residuos de España que marca objetivos bien definidos.




