
‘Renovables, o una Catalunya a la cola’ es el título del texto que promueven sus impulsores, al tiempo que alertan del retraso que sufre Catalunya en la transición energética.
Distintas personalidades se han unido en la redacción de un manifiesto a favor de la puesta en marcha de grandes proyectos de energía eólica y solar como camino para acelerar la transición ecológica. Para los científicos, empresarios y activistas que firman el manifiesto, la magnitud de la «crisis climática» actual hace urgente emprender la transición energética de forma inmediata y «a gran escala». De ahí que nombres como el del explorador de National Geographic Enric Sala o el del director ejecutivo del consorcio internacional Global Carbon Project, Pep Canadell, apuesten por superar el debate entre pequeñas y grandes instalaciones y apostar por un modelo energético «híbrido «.
«Desgraciadamente, Catalunya está a la cola de Europa y de España en soberanía energética y energías renovables. Estamos muy lejos de países de dimensión similar a la nuestra como Bélgica o Dinamarca, que con menos sol tienen 6.000 y 8.000 MW de capacidad de producción fotovoltaica instalados; aquí tenemos 455 MW», alerta el documento. En este sentido, se recuerda que en el Estado las energías verdes progresan «mucho más rápidamente» y ya en 2021 se generó un 46,7% de la electricidad con fuentes renovables.

Vamos con alto de retraso en la transición energética
Según el manifiesto, el peso de las renovables en Catalunya es del 17,5%. «A pesar de este enorme retraso, el Gobierno de Catalunya se ha comprometido a hacer posible una sociedad neutra en carbono en 2050, reduciendo el consumo de energía un 41% respecto a 2017 y obteniendo un 97,5% de toda la energía de fuentes renovables», apunta el texto. Sin embargo, los firmantes avisan de que para alcanzar los objetivos fijados hará falta multiplicar por 33 la capacidad actual de producción solar y eólica en el país.
Sigue diciendo el manifiesto: «Centrales fotovoltaicas y parques eólicos —terrestres y marinos— deben pasar a formar parte de nuestro paisaje. Son imprescindibles para garantizar el suministro de energía a centros urbanos, industria o equipamientos esenciales (como hospitales, depuradoras, etc.). un aprovechamiento decidido del viento allá donde más sopla y del sol allá donde más irradia avanzaremos hacia el ineludible cambio que encaramos como civilización«.
Por último, el documento, firmado también por nombres de la empresa como la presidenta de la Cambra de Comerç de Barcelona, Mònica Roca, indica que la «magnitud de la crisis climática» es «demasiado grande» para restringir su respuesta el despliegue de las energías renovables en tejados y terrenos «marginales». «El riesgo de colapso social y económico es demasiado grave para no emprender la transición energética de forma inmediata ya gran escala. Es nuestro deber proveernos de energía con los recursos renovables al alcance y dejar de exportar los impactos de la producción de energía en otros sitios. Tenemos la obligación de crear un sistema energético cero emisiones en tiempo récord«.

Las energías renovables en Catalunya en cifras concretas
A pesar del esfuerzo que hacen algunas de las administraciones más cercanas a la ciudadanía, como los ayuntamientos en primer término, que desde hace mucho crean comunidades energéticas, instalan placas fotovoltaicas y cambian la iluminación de pueblos y ciudades per lámparas led, la transición energética no acaba de arrancar en Catalunya, ni en cuanto a generación ni en cuanto a ahorro.
En el año 2022 las energías renovables en Catalunya apenas alcanzaron el 20% de la generación eléctrica. Si esta cifra se compara con la del conjunto del estado, que supera el 44%, vemos que Catalunya está muy por debajo.
En cuanto a la energía hidráulica, ésta ha representado el 48% con un crecimiento significativo que la hace ocupar el cuarto lugar del Estado en potencia instalada, con un 11,2%.
Pero en las tecnologías más nuevas, como la eólica y la solar fotovoltaica, la situación es mucho peor. Catalunya es la octava comunidad en solar (el 1% del total) y la sexta en eólica (4,9% del total). En el resto de renovables, como la biomasa, ocupa el quinto lugar. Estas tecnologías son solo un 1,1% de la potencia instalada y un 2% de la producción eléctrica en el Estado.
La situación futura tampoco es nada halagüeña y todo hace indicar que se agravará cuando los tres grupos nucleares de Ascó i Vandellós, que aportan el 54% de la generación eléctrica, se apaguen de cara a la próxima década.