El cambio de horario y su impacto económico. ¿Realmente vale la pena?

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La teoría dice que el cambio de hora repercute en el ahorro de energía.

A pesar de las voces que se alzan en contra, el cambio horario seguirá vigente, al menos, hasta 2026.

Dos veces al año tenemos que modificar la hora en nuestros relojes, atrasándolos o adelantándolos, lo cual afecta a muchas personas cuya reprogramación de biorritmos tiene que adaptarse a ese cambio de luz.

Esta madrugada tocará cambiar la hora del reloj atrasándolo una hora. La teoría dice que esta próxima noche y madrugada las personas podremos dormir una hora más porque al filo de las 3 de la madrugada el reloj pasará a indicar que son las 2, una hora menos.  No se trata de la “hora de la marmota”, que nadie se preocupe, pero lo cierto es que esto ocurre dos veces al año: el primavera y en otoño. De esta forma se pasa del horario de verano al de invierno.

Esto no se hace por razones arbitrarias sino que el argumento que lo sostiene es el hecho de poder disfrutar de más horas de luz , lo que en teoría, lleva a un ahorro de energía. A pesar de ello, en el horario de invierno, a las 6 de la tarde ya ha oscurecido y en la madrugada le cuesta hacerse de día.

Ahora bien, en la actualidad quien regula este asunto es Europa a través de la Directiva Europea 2000/84, que empezó a regir en el país a partir del 3 de marzo de 2002. En ella se especifica que los cambios de hora se realizan el último domingo de cada marzo (el reloj se adelanta) y el último domingo de cada octubre (se retrasa).

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Los distintos husos horarios mundiales.

El origen del cambio de hora

Todo cambio nace de una idea. En este caso, fueron dos las mentes pensantes que en momentos distintos, separados ambos por 200 años, se dieron cuenta del desajuste horario que se daba entre las horas de luz y la vida que las personas hacían habitualmente.

E l primero de ellos fue Benjamin Franklin en el año 1784. Este científico, inventor y político propuso el primer cambio de hora por razones energéticas cuando era embajador de EEUU en Francia. Cuando se levantaba a las 6 de la mañana, Franklin veía brillar  el sol en su ventana y sin embargo, las personas todavía dormían. Por la tarde tenían que utilizar velas porque ya había oscurecido. Una incoherencia total. Así que decidió proponer un cambio en una carta que envió a The Journal de París. Esta contenía una propuesta para ahorrar energía. La acompañó con un Proyecto Económico para disminuir el costo de la luz, un tratado que nunca se tuvo en cuenta.

La siguiente persona que propuso un cambio horario, aunque mucho más difícil en su aplicación, fue el constructor William Willet, quien en 1905 publicó sus medidas de ahorro con un cambio de hora en verano, pero para que las personas pudieran adaptarse mejor, su propuesta incluía transiciones de 20 minutos cada semana. Por eso, tampoco se tuvo en cuenta.

Sin embargo, tan solo 10 años después de la propuesta de Willet, Estados Unidos aplicó por primera vez ese cambio de horario con la idea de ahorrar combustible en tiempos difíciles. En 1918 el cambio de hora se convirtió en una ley federal para aquellos estados que decidieron respetarlo. Y ya en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos, por mandato oficial, obligó a todos los estados miembros a establecer el horario de verano para ahorrar recursos y energía.

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Esta madrugada, a las 3 serán las 2.

El caso de España y el cambio horario

En España, hasta el 1 de enero de 1901 se utilizaba el horario solar y la hora se regía por el meridiano de Madrid. Sin embargo, cada provincia tenía su propia hora, dependiendo de su situación geográfica, porque entre una punta y otra de la península hay 50 minutos de diferencia en la salida y puesta del sol.

Ahora bien, a principios del siglo XX con la finalidad de ordenar y unificar, se estableció por mandato oficial establecer la hora oficial a partir del meridiano de Greenwich y a partir del 15 de abril de 1918, se instauró por primera vez el cambio a horario de verano.

Aun así, este cambio de hora no fue definitivo. Durante la Guerra Civil había dos horarios según estuvieran dentro del bando republicano o dentro del bando nacional, hasta el punto que el final de la Guerra Civil Española sucedió una hora antes para el bando republicano que para el bando nacional.

El 2 de mayo de 1942, con Franco en el poder, comenzó a seguirse la hora de Alemania porque Franco quería establecer un mayor contacto con la Alemania de Hitler y comenzó a utilizar el mismo horario que este país.

Pero hasta el año 1973 el cambio no se hizo oficial. ¿El motivo? La inmensa crisis del petróleo derivada del embargo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) como respuesta a la guerra del Yom Kippur. De ahí que algunos países decidieron adelantar sus relojes para poder aprovechar mejor la luz del sol y consumir así menos electricidad en iluminación.

En la actualidad muchos expertos aseguran que la hora con la que nos regimos , que es la de Berlín, no es la recomendada y que la ideal sería la de Londres.

Parece que Franco, en su momento, iba a recuperar el  “horario normal”, pero esto nunca sucedió y todavía seguimos usando el horario alemán.

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¿El cambio horario lleva asociado un ahorro efectivo?

El argumento para el cambio horario viene apoyado por el los beneficios económicos y de ahorro de energía que conlleva. Sin embargo este argumento tiene un trasfondo. Si bien por la mañana puede darse ese ahorro, por la tarde deberán encenderse las luces una hora antes, puesto que anochece mucho más rápido. Y esto sin tener en cuenta la cantidad de centros de trabajo y estudio que encienden las luces durante todo su  horario activo.

Que amanezca una hora antes no significa que los trabajadores entren una hora antes a trabajar. A la contra, hay quien cree que con la digitalización de la sociedad, este cambio de horario es inútil y incluso perjudica la salud.

El IDAE (Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía) calcula en un 5% el ahorro del consumo eléctrico en iluminación, lo que supone un ahorro de unos 300 millones de euros. La mayor parte de esa cifra, unos 210 millones, se corresponde a la reducciónd e gastos para el tercer sector y la industria. Solo unos 90 millones corresponderían a los hogares, unos 6 euros por hogar.

La Comisión de Industria, Investigación y Energía del Parlamento Europeo publicó en 2018 un informe que señala que, aunque los cambios estacionales de hora pueden ahorrar energía, las cifras son marginales, y que no hay certeza de todos los Estados miembros tengan los mismos beneficios o similares. El informe también indica que, aunque puede haber ahorros de energía en iluminación, la calefacción suele aumentar su consumo.

España y sus horas de sol

En España no existen informes actualizados que demuestren que el cambio de hora lleve asociados ahorros energéticos. Además, las nuevas exigencias de eficiencia energética en iluminación, en los sistemas de climatización y en los propios edificios, así como la progresiva introducción del autoconsumo, alteran los análisis que hace años se utilizaban para calcular estos datos.

Y ello a pesar que España goza de muchas más horas de luz solar que los vecinos norteños.  Científicos y expertos argumentan que deben impulsarse políticas de medidas de ahorro energético a través de las energías renovables. Argumentan que se consigue ahorro si el consumo es «responsable». En el hogar se traduce en recomendaciones como apagar la calefacción durante la noche, instalar burletes en puertas y ventanas, mantener una temperatura estable, poner aislantes en techos y paredes…

El cambio de hora por sí solo no garantiza el ahorro energético si se derrochan recursos y todo el mundo debería poner de su parte.

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Finalmente, el cambio horario

Si España estuviera en la zona horaria que le correspondería por posición geográfica, esto provocaría un aumento del gasto de las familias. Los horarios de trabajo se readaptarían y la gente podría disfrutar de más tiempo de ocio. La ecuación está clara: más ocio, más gasto, una propuesta tentadora cuando la demanda interior no está pasando por sus mejores cifras.

A nivel de Catalunya se defiende una idea similar por parte del proyecto Iniciativa per a la Reforma Horària. Proponen horarios laborales de nueve de la mañana a cinco de la tarde, similares a las de Europa.

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